3 de julio de 2014

Llegó la hora americana al Museo Nac. de Bellas Artes.


Llegó la hora americana
al Museo Nacional de Bellas Artes
por Ana Martínez Quijano
La muestra, curada por Roberto Amigo y Alberto Petrinaque abarca desde el año 1910 hasta 1950, descubre obras y artistas que no trascendieron y asume, además, la dificultad de definir un arte que bien podría calificarse como "propio", en un país donde su gente tuvo siempre la mirada dirigida hacia Europa.

La muestra explora los temas andinos, la estética y las ideas nacionalistas, la influencia de "Eurindia"(1924) de Ricardo Rojasy el imaginario que despertó entre los artistas e intelectuales el descubrimiento de la América profunda. Cabe aclarar que, cuandoRojaspropone la asimilación positiva de la cultura europea, se anticipa con estas ideas al "Manifiesto Antropófago"de Oswald de Andrade(1928) y al pensamiento de Borges en "El escritor argentino y la tradición".


"La doctrina de Eurindiasostiene Rojas-es de tanta latitud, que se funda en las fuerzas creadoras de la tierra. [...] En cada rama de la doctrina se busca discernir lo americano y lo europeo, conciliándolos, cuando tal cosa puede ser favorable a nuestro ideal. Teorías europeas como el humanismo, la democracia, la teosofía, son lingotes de la liga nueva en mi crisol, dentro del cual se funden con la argentinidad, con el indianismo y con la conciencia de lo continental. En esa fusión reside el secreto de Eurindia. No rechaza lo europeo; lo asimila; no reverencia lo americano; lo supera. [...] hay una zona espiritual en que descubren sus afinidades, y tal es la zona del arte. Gracias a ello he podido hallar las leyes que rigen estos fenómenos de la cultura americana, mostrando en toda su latitud continental y estética, la doctrina de Eurindia".

La exposición comienza con un objeto: el vestido de diseño Inca que usó Luisa Vehilen la obra de teatro "Ollantay" de Ricardo Rojas. Luego, antes de ingresar al Pabellón, el pasillo está empapelado con la foto del psicodélico mural que en la década del 20 Alfredo Guido pintó en la casa que construyó en Rosario su hermano Ángel para el decano de la Facultad de Medicina,Teodoro Fracassi. Oculto prácticamente hasta hoy, el mural parece surgido de un sueño fantástico. Las escenas registran un viaje a Bolivia y las divagantes alucinaciones que provoca la altura, en este caso, el barroquismo más excesivo de América y sus colores encendidos, las exaltadas tonalidades rojas y naranjas en abierto contraste con las verdes y azuladas. Los ritmos que dibujan las aguas del lago Titicaca envuelven al espectador y lo insertan en un hipnótico paisaje.

Al ingresar a la sala se divisa la cabeza monumental de Eva Perón esculpida en piedra por Sesostris Vitullo, irreconocible, con los rasgos aindiados. Allí está, como "portadora de una identidad argentina poco menos que excluyente", según reconocieron en la Fundación Proa, quienes la exhibieron por primera vez luego de rescatarla de un vergonzante escondite en París. Ahora la cabeza vuelve a ver la luz con toda su grandeza y la brutalidad de las facciones americanas pero, a la vez, tan rotunda como una estatua de Brancusi.

La muestra se abre hacia las ideas, el arte, la literatura, la música, las expediciones, las artesanías, la arqueología, el teatro, la escenografía y los muebles, los curadores conjugan un ir y venir por nuestro territorio con un ojo entrenado para encontrar la hibridación de los géneros. En efecto, un genuino encuentro con lo inesperado deparan los motivos incaicos de una extraña reja dibujada porHéctor Greslebinsobre las puertas de una típica casa urbana de principios del siglo XX. Roberto Amigo señala que es "un punto clave en la trama del americanismo, en la red que se tendía hacia la arquitectura desde la arqueología". Entre las afinidades que establece la muestra a través del tiempo, está un Suplicante de origen precolombino junto a una figura deLibero Badii, cuyo gesto es un ruego.

Consustanciado con el paisaje montañoso, hay un personaje con un poncho rojo que se recorta sobre un cielo con radiantes tonalidades del rosa que viran hacia el bermellón o reverberan hasta llegar al naranja, en una pintura deAtilio Terragni. Son los colores ardientes de Tilcara. La francesaLeonie Matthisrecupera el tema incaico y pinta el"Templo del Sol"expuesto en la galería Witcomb en 1939. En esta misma línea, el escultorLuis Perlottiestablece la diferencia entre el indigenismo y el incaísmo.

Bajo la influencia que ejerció Ricardo Rojas, los hermanos Guido revalorizaron el patrimonio indígena y colonial desde el año 1915, de un modo tan espontáneo y tan ajeno a las pretensiones estilísticas en boga, que llegaron a crear genuinas rarezas. Pero en"La Chola desnuda"(1924)Alfredo Guidoconsolidó su afán americanista y la hibridación de su innegable herencia europea."La Chola", envuelta en un vaho de tonalidades azules, ostenta sin pudor sus rasgos europeos rodeada por una escenografía indígena. La intensidad desprejuiciada de la mirada expresa la confianza que le otorga su identidad mestiza.

Entre las obras de la muestra abundan los paisajes de tierra adentro pero también los de los suburbios, como los de Gertrudis Chale. Hay algunas joyas, como"Jujuy", un mural de Antonio Bernique representa un mercado y tiene como personaje fundamental una colla de espaldas en medio de la escena. Tan breves como estupendos son los dibujos de Victorica realizados en Arequipa. Entre quienes se acercaron al arte de América figuranJorge Bermúdez, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Pompeyo Boggio, Fernández Mar, Raquel Forner, Alfredo Gramajo Gutiérrez, Cecilio Guzmán Rojas, Juan Carlos Iramain, Ernesto Lanziutto, José Malanca, Medardo Pantoja, Francisco Ramoneda, Raúl Rosarivo, José Sabogal, Ernesto Soto Avendaño, Lino Enea Splimbergo, José Antonio Terry, Miguel ViladrichyWifredo Viladrich, entre otros.

El antecedente de la muestra actual de Roberto Amigo fue su debut en el MNBA hace casi una década, cuando descubrió en "Las armas de la pintura" el poder político ejercido por el arte durante el período de construcción nacional. El análisis actual pone en evidencia que:"El programa de Rojas no era una rememoración sino la herramienta para capturar a las masas inmigratorias por el destino espiritual del "suelo", idea integracionista afirmada en su participación en el proceso democrático de ascenso popular del radicalismo. Así, no fue en el caso de Rojas una reacción conservadora sino el intento de superar la raza como factor material de la civilización".

El historiador del arte rosario Pablo Montini destaca por su parte, que el gusto por lo propio despierta en los coleccionistas que ya tenían el gusto de adquirir arte europeo."El cierre del mercado de arte europeo a causa de la Primera Guerra Mundial les quitó la posibilidad de continuar con sus compras. De este modo, se vieron obligados a acercarse al arte local". Desde el principio al fin de la muestra, Amigo aclara que su relato es "heterogéneo" y la noción de "la tradición y lo nuevo no se enfrentan, se entremezclan, perdiendo su prístina validez".

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